Post asqueroso no acercarse


Este es un post asqueroso, y si son muy sensibles les recomiendo no lo lean.



Algo me pasó anoche en el bus. Me encontraba en una situación asquerosa, aberrante y todo adjetivo denigrante que pueda existir. Y en este post intentaré plasmarlo de tal forma que ustedes puedan sentir lo mismo.

Era de noche y me dirigía a una reunión con amigos muy apreciados -Aunque no estoy seguro que compartamos el mismo concepto-. Alisté mi mochila con todo lo que necesitaba. Me la puse en la espalda. Llegué al paradero y conmigo el bus que debería tomar. Lo abordé. Casi estaba lleno, unos asientos por aquí otros por allá. Entonces decidí sentarme al lado de un señor, que parecía "decente"-siempre veo con quien me siento-. Vestido de camisa y un maletín en las piernas. Me posicioné del asiento correspondiente, coloqué mi repleta mochila sobre mis piernas. Y empezó mi travesía por el zoológico.

El viaje era bueno. El bus avanzaba rápido- porque competía con el de adelante- El cobrador era cortes -raro en ellos-. Pero mi compañero de asiento, no era nada agradable. Me había confundido en elegir. No era decente. Por último, creo que no tenía educación. Ciertamente era un lumpenesco, que simplemente vestía de camisa para guardar apariencias, y el portafolio debió ser robado.

¿Pero por qué lo juzgaba, tachaba y adjetivisaba así a este señor?, ¿por qué me desagradaba tanto? o ¿por qué me expreso así?-no soy racista, ni clasista- Pero el punto era que este "hombre", que más parecía un orangután. Tenía un comportamiento deplorable-ahora les explico porque-.

Sentado a su lado fui expuesto a presenciar tales actitudes -como ya las mencioné: deplorables, lumpenescas y asquerosas-. Empezó a hacer un ruido escandaloso, desagradable y chilloso como de chancho capado, intentando seguramente, expulsar el resto de comida que se le quedo en los dientes. Metiéndose el dedo índice en la boca, y con uñas realmente sucias raspaba sus dientes.

La escena me perturbó, sabía que hay orangutanes como él en la ciudad-con el respeto que se merecen estos animales- pero no que me podría sentar al lado de uno. Aunque no fue lo único desastroso que noté de este personajillo, pintoresco, salido de un barrio urbano marginal.

Cuando creí que otra cosa peor no podría suceder, veo como el tipejo empieza a dar escupitajos, como llama salvaje, contra la ventana. La saliva del vivíparo escurría con restos de comida por las lunas del bus. Y peor aún, el olor que emanaba no era nada agradable, era una combinación de sábila mutilada con sudor de axila. Aunque suene desagradable tuve que soportarlo.

Se preguntarán y ¿por qué no me cambié de asiento? Para mi mala suerte-aunque no crea en ella- en el siguiente paradero los asientos sobrantes se habían copado. Lo pensé. Me dije prefiero estar parado. Pero llevaba una mochila, bastante pesada y con una botella que fácilmente podría ser hurtada por algún amigo o congénere de este orangután. Me dije: faltan solo unas pocas cuadras, puedo aguantar estar al lado de este espécimen.

Hasta que no se guardó ni un poco su pulcridad, o la poca que le quedaba. Se volvió a meter la uña del dedo índice a la boca. Empezó rasgar sus dientes. Sacó lo que le molestaba y lo que supongo le hacía escupir contra la ventana, sin pudor ni asco, restos de comida. Que muy orgullosamente observó y limpió en la misma ventana donde había escupido.

Ahora si no soporté eso, me levanté faltaban aún 3 cuadras, cuadras muy largas, me acerqué hasta la zona de bajada. Y esperé a llegar. No podía soportar ni un minuto más cerca de tal animal hecho hombre, o hombre hecho animal. Este era un total agravio, tanto para mí, para el bus, para la próxima persona que se sentará al lado de él, y la próxima que se sentará en el sitio de él.

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