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Mis tres porciento by Jaime Bayly


Suena el teléfono en el hotel en Bogotá. Contesto desganado, refunfuñando.
–Gordi, ¿has visto las encuestas?
Es la voz suave y amorosa de Sofía, que está en Lima.
–No, no he visto nada, estaba durmiendo.
–Pero es la una de la tarde.
–Es que yo escribo de madrugada y me duermo a las seis.
–Ay, lo siento, no debí despertarte.
–No pasa nada. ¿Qué dicen las encuestas?
–¡Tienes tres por ciento! ¡Felicitaciones!
–Gracias. Pero tres por ciento no es nada. Con tres por ciento no se gana una elección.
–Bueno, pero estás subiendo.
–De peso, no. Ya estoy en ochenta y seis kilos. Antes pesaba ciento tres. Que debe de ser lo que pesa una pierna de Alan.
–En la encuesta anterior tenías cero por ciento. Ahora estás en tres. ¿No está mal, no?
–Bueno, he crecido trescientos por ciento. Mirado así, es un éxito. Si sigo creciendo a ese ritmo, en abril de 2011 todos los peruanos vivos y muertos votarán por mí. ¿Dónde hicieron la encuesta?
–En Lima, creo. Y en la selva.
–¿En la selva? Yo nunca en mi vida he ido a la selva.
–Por eso tienes dos por ciento. Si te conocieran tendrían menos seguramente. Y en Lima tienes tres.
–¡Tres es una mierda, Sofía! Han encuestado a cien personas en la calle Miguel Dasso o en el óvalo Gutiérrez y de las cien personas encuestadas tres han dicho que votarían por mí. ¡Es una catástrofe! Deben ser tres malandrines que venden droga o que me compraban ropa usada cuando yo era drogadicto hace veinte años.
–No lo veas así, gordi, no seas negativo. La cosa es que estás subiendo en las encuestas.
–Bueno, sí, lo de la selva es alentador. Han entrevistado a cien aguarunas o shipibos y dos de ellos han dicho que quieren votar por mí. Debe ser que quieren desertar de la tribu y venirse a vivir conmigo y sacarse el tapa–rapo (que tiene que ser incomodísimo después de defecar) y lo más probable no es que quieran votar por mí sino que me quieran follar por turnos esos dos selváticos depravados.
–No creo, gordi. Es una encuesta seria.
–¡Seria los cojones! Nada es serio en el Perú. Y una encuesta en la selva es un acto heroico en el que te juegas la vida. Si haces una pregunta equivocada, te hacen anticucho.
–¿Entonces cómo explicas ese dos por ciento?
–De cada cien amazónicos lujuriosos, debe haber dos que son gays o bisexuales y quieren tirar conmigo. No quieren votar por mí, quieren sodomizarme. En política no hay que ser ingenuos, Sofía.
–No sé, creo que eres demasiado pesimista. Tu mamá está flotando en las nubes.
–¿Ha fumado un porro?
–No. Dice que si tienes tres por ciento ahora, sin hacer campaña, vas a seguir subiendo y en diciembre vas a tener diez por ciento y entonces te inscribes como candidato y te pones serio y no te para nadie, subes como una bola de nieve.
–Las bolas de nieve generalmente van de bajada. Y si hay una bola de nieve en el Perú no soy yo, es Alan. Yo he bajado más de quince kilos desde que me mudé a Bogotá.
–Te felicito, gordi. Se te nota en la tele. Ya no tienes papada.
–¿Cómo estoy en la sierra en esa encuesta?
–Tienes cero por ciento.
–Cojonudo. Es un buen comienzo.
–Pero en Lima tienes tres por ciento y la selva, dos.
–¡No es nada, Sofía! ¡Son cinco o seis personas!
–No, son más. La encuesta la hicieron entre mil personas, según leí abajito.
–Bueno, entonces son treinta personas en Lima y veinte en la selva. De esas treinta personas en Lima, seguro que la mitad es la familia de Tongo. Y los veinte en la selva deben ser parientes de La Tigresa del Oriente. Ella está conmigo a morir.
–Gordi, sé más optimista, cincuenta personas es un montón de gente, aunque incluyan a Tongo y a la Tigresa del Oriente. Un voto es un voto, después de todo.
–Es cierto. Tienes razón.
–Además, yo hice una encuesta en casa de tu madre y no sacaste cincuenta votos.
–¿Cuándo hiciste la encuesta?
–El 25, en Navidad, cuando no quisiste ir para no encontrarte con Miguel.
–¿Y cuántos votos saqué?
–Entre tu mamá, tus hermanos, tus cuñadas y cuñados y todos sus sobrinos (al menos los que sabían hablar), éramos como veinte.
–¿Y? ¿Cuántos votaron por mí?
–Dos.
–¡Dos! ¡Qué cabrones! ¡Era navidad, coño!
–Sí, pero Miguel hizo una contracampaña muy fuerte.
–¿Quiénes votaron por mí?
–Tu mamá y yo.
–¿Nadie más?
–No, gordi. Lo siento. Nadie más. Pero dos de veinte es un buen porcentaje, es el diez por ciento.
–¡Es una mierda, Sofía! Si saco dos votos en mi familia en navidad, ¡en navidad, coño!, estoy frito. ¿Qué dijo Miguel?
–Que eres un cabrón. Que te quiere pegar. Pero creo que estaba borracho porque se cayó a la piscina con ropa y gritaba ¡Vivi, Vivi, auxilio, te amo!
–Es un papanatas. Si gano la presidencia, lo nombraré embajador en Afganistán.
–Gran idea.
–Sí, en la frontera entre Afganistán y Pakistán, a ver si lo fumigan los gringos. Y a su Vivi la nombraré embajadora en Irán para que venda sus jeans a las mujeres de Teherán.
–Me parece una gran idea. ¿Qué otras embajadas has pensado?
–No muchas. Dos o tres. Pero son claves. A Laura Bozzo la nombraré embajadora en Corea del Norte. Y a su novio en Corea del Sur.
–Buenísimo. Al menos van a estar cerca. Y a Laura le gusta conquistar fronteras.
–Sí, sí, es muy emprendedora, es infatigable, quiere ser famosa en el mundo entero. Su programa podría llamarse “Laura en Pyongyang” y al degenerado al que ella echa a gritos y salivazos del estudio le meten una ovija nuclear en el culo y lo hacen estallar en el atolón de Mururoa.
–¡Tendría un rating buenísimo, gordi!
–A Álvaro Vargas Llosa lo nombraría embajador en Yemen. Ahora en Yemen, por el nigeriano que se puso la bomba en el calzoncillo en el avión que no explotó, está prohibido usar calzoncillos. Sería un embajador sin calzoncillos en Saná, Yemen.
–Y es muy culto y habla muchos idiomas.
–Y Yemen le sentaría bien para que lleve sueltos los testículos sin la presión a veces agobiante del calzoncillo. Además, en Yemen no hay farándula y a él la farándula le repugna.
–¿Ya ves gordi? ¡Ya estás gobernando! ¡Ya ganaste!
–Es que me acabo de tomar dos Prozac.
–Cuéntame más embajadores. Eso me encanta.
–A Fujimori lo indultaría y lo nombraría embajador en Tokio y a Keiko embajadora en Taipéi. A Humala lo mandaría a Santiago de Chile con una misión: tráenos el Huáscar, Ollanta, tú puedes, carajo. Y a su padre, don Isaac, lo mandaría a reconquistar Arica a pingazo limpio. A Lourdes la mandaría como embajadora en Ámsterdam, en la zona rosa, ella dice que le gustaba ver enanos eróticos moviendo la poronga en shows muy libertinos, o eso me dijo una vez en el programa, que se la pasó bomba en un sex club de Ámsterdam donde los enanos se le trepaban y le sobaban la cosa y que extraña a los pigmeos aventajados de los Países Bajos.
–La entiendo. ¿Te acuerdas cuando fuimos a la zona rosa de Ámsterdam? ¡Es tan divertida!
–Sí, fue muy divertida hasta que te pusiste a tomar fotos a las putas en las vitrinas y vinieron unos rusos o rumanos mafiosos y nos quitaron la cámara y me entraron a patadas. ¿Cómo carajo se te ocurre tomarles fotos a las putas, Sofía, por el amor de Dios?
–Pero estaban exhibiéndose, gordi.
–Sí, pero para ganar clientes, no para que les hagas un álbum de fotos. Sus cafichos están en cada esquina y son unos rusos sanguinarios como los que se pelean con Viggo Mortensen en un sauna de Londres en esa película, todos calatos a cuchillazos, ¿te acuerdas qué buena escena?
–No, no me acuerdo, tú siempre tienes mejor memoria para las escenas de calatos. ¿Y a Moscú a quien mandarías?
–A mi tío Ricardo, por supuesto.
–Brillante. ¿Habla ruso?
–No sé y no importa. Pero es un hombre honorable y si me pide Moscú y Pekín, lo nombramos embajador itinerante, incluyendo Trípoli, por supuesto.
–¿Y a Toledo? ¿Qué hacemos con Toledo?
–A Toledo lo nombramos ministro.
–¿De la producción?
–No. De la prostitución.
–Buena idea.
–Toledo es un experto en eso. Se ha pasado la vida estudiando el fenómeno de la prostitución.
–¿Y si ganas, qué le ofrecerías a Alan?
–Dos cosas, primero, la embajada en París. Alan es un político muy afrancesado, muy refinado, habla francés mejor que Sarzoky y si Carla Bruni lo ve, seguro que piensa que es un antropófago maorí que se la quiere comer y sale corriendo y se pone a dieta. Y segundo, le regalaría una moto para que siga dedicándose al servicio de mensajería en el que trabajó tan abnegadamente durante ocho años en París. ¿Te imaginas a Alan en una moto Vespa repartiendo pizzas en París? ¡Sería un espectáculo del carajo! Los franceses pensarían que Papá Noel llegó en una moto Vespa cantando La Marsellesa. Y atrás iría sujetándose de su cintura Mantilla, cargando las pizzas.
–¿Maju Mantilla?
–No, tonti. Agustín Mantilla.
–Imposible. Alan y Mantilla juntos pesan trescientos kilos por lo menos. No hay Vespa que los aguante.
–Tienes razón. Mejor Alan solo, pero vestido de Papá Noel.
–¿Qué otras embajadas se te ocurren?
–A Diego Bertie lo mandaría como cónsul en el barrio de Chueca en Madrid y a Christian Meier lo nombraría cónsul ante su espejo.
–¿Ya ves cómo te nace gobernar? Tú has nacido para ser presidente, gordi.
–Y tú para ser mi primera dama, Sofía.
–¿Pero no me vas a sacar la vuelta como Alan a Pilar, no?
–No, no, cómo se te ocurre. Dicho sea de paso, ¿sabes dónde está Pilar?
–No tengo idea, nadie la ha visto últimamente, está desaparecida. Pero el otro día una amiga fue a ver Avatar en tercera dimensión y me jura que vio a Pilar escondida en el bosque de Pandora con la tribu de los na’vi, haciéndose pasar por Neytiri.
–Pobre. Lo que el gordo de Alan la ha hecho sufrir. ¿Sabes el último chisme?
–No, cuéntame.
–Que Elián Karp se ha dejado crecer las orejas y es la nueva jefa de los Omaticayas en Pandora, el jefe era Eytukán pero murió y ahora la jefa es Elián y anda volando en dragones como una loca del carajo.
–Ojalá no se encuentre con Pilar en el Bosque de las Almas.
–No creo. Dicen que Fernando Olivera ha puesto una cafetería en el Bosque de las Almas y vende unos sánguches de unobtainium con flores riquísimos. Dicen que curan la impotencia.
–Te convienen, gordi. Pídele a Fernando que te mande esos sánguches a ver si te resucitan a tu Junior. Mira que si ganamos, tenemos que tener un hijo por lo menos.
–¡Cinco hijos! Y los ponemos a cantar como El Grupo de los Cinco y nos hacemos ricos.
–¡No nos ganan, gordi! You’re my man!
–¡Nos nos ganan, Sofía! La próxima semana estaremos en seis por ciento y después en doce por ciento y después en veinticuatro por ciento y después en cuarenta y ocho por ciento y después en noventa y seis por ciento.
–Entonces te conviene que las elecciones sean en cinco semanas, gordi.
–Tienes razón. Hablaré con Alan.
–Mejor que tu mamá hable con Alan.
–Tienes razón, amor.

El Zoológico de una puta

Esta vez no pondré nada mío, así que alégrense, salten de un pie y acomódense en su silla. Continuando con el tema de mi anterior escrito, esta compañera nos cuenta como es su barrio, y como es ella con ellos. Espero que lo disfruten tanto como yo. Un toque rojo a mi blog.


Mí Zoológico

La reina Isabela. Mi madre siempre se molesta cuando no saludo a los vecinos, pero la verdad es que si los saludo, son ellos los que no me saludan, odio a mi barrio y a todos los animales que viven en él.

Recuerdo cuando era una niña y llegaba con mi falda a cuadritos del colegio de mujeres “Elvira García y García”, almorzaba y salía con mi bicicleta rosa a buscar a Ángela, esa adolescente que ahora es mamá y lleva consigo un futuro incierto, estoy segura que ese hubiese sido mi destino si continuaba con esa amistad.

Yo no tengo amigas en mi barrio ni mucho menos amigos, será porque no soy muy sociable y me encierro en mi gran caparazón de mármol al que sólo dejo entrar a algunas personas.
Mi barrio es chusco y sin gracia y se caracteriza, porque en él habitan las gacelas precoces, los cocodrilos, los pulpos, los pingüinos y los gallinazos carroñeros.

Yo tengo como vecina a una gacela precoz que vive al frente de mi casa .Esa chica de quince años delgada, alta, con esos ojos enormes y hermosos. Todos los días llega un cocodrilo y se la come un poco; hace días estaba en el tercer piso de mi casa fumándome un cigarro mentolado mientras sentía como mi sangre se calentaba escuchando a Georgina León y pensaba que yo también quiero a un chico que no sea modelo de Hugo Boss, pero que modele para mí toda su ropa interior; cuando de pronto vi a la gacela precoz y a su cocodrilo bordeando la esquina de mi barrio para entrar a un hotel. La verdad es que la envidio, porque yo estoy más sola y aburrida que una ostra en lo profundo del mar, sin un solo pececito para que entre y nade dentro de mí.

Los cocodrilos de mi barrio tienen calle de sobra todos los días se reúnen en el “Olimpo” a embriagarse con ambrosia y casi siempre se hablan con un “carajo” y una “mierda” se interpone como coma.

Hace poco me enteré del apodo que me han puesto “La lesbi” de seguro que fue Ricardo, ese pulpo que en sus ocho tentáculos dice: despechado, basura, malo, tonto, traidor, cobarde, necio y estúpido, supongo que el apodo será en honor a lo que te dije, eso que estoy confundida y que me gustan las mujeres, pero él no lo entendió y terminó conmigo, es qué el esta equivocado con respecto a mí, yo no soy lesbiana soy bisexual y sobre todas las cosas soy una dama , pero tú no eres un pulpo caballero así que no puedo pedirle peras a un olmo ; además el pulpo Ricardo no contento con decírselo a todo mi barrio se lo contó a la reina Isabela , y como era de esperarse a ella casi de la un infarto , me mando un sermón de tres horas , al ver mi negativa respecto a sus ideas tan cerradas me llevó casi a rastras a la iglesia para confesarme con el padre Esaú Martell , un italiano que si fuera pan le untaba un poco de miel y me lo comía, porque esta tan lindo .Mi madre al entrar a la iglesia se arrodilló y se rezó cincuenta ave marías y cien padres nuestros. Poco le faltaba para decir que tengo a Satán metido en mi cuerpo y que había que exorcizarme, además si van a exorcizarme yo quiero que lo haga mi padre Esaú, el es mío y yo soy su novia aunque el no lo sepa todavía.

Para ser sincera yo no creo que estas ideas oscuras y raras sean obra y gracia del espíritu santo; aunque yo no creo mucho en santos ni mucho menos en Dios, yo iba a la iglesia, porque la reina Isabela me obligaba y le agarre gusto cuando vi al padre Esaú. Me matriculé en los cursos de Antropología religiosa, Teología uno y Teología dos sólo para verlo; y hasta pensaba en jalar solo para seguir viéndolo, pero como siempre he dicho “todo menos hueca”. A veces lo veía en las clases y mientras el hablaba de la razón ligada al sentimiento, de no caer en el pecado y de no tener malos pensamientos, yo pensaba en morderle los labios, en que me toque y en ser su María virgen.

Estos días parece que tengo algún espíritu maligno dentro de mí, porque ahora llevo un spray rojo conmigo para pintar las paredes del colegio “Isaac Newton” con algunas frases estúpidas, y es que yo adoro a ese colegio al igual que a esos animalitos vestidos de smoking y corbatín negro.
Yo no entiendo, porque no le pusieron de nombre la “La Manzana podrida” o “La mala semilla” así los pingüinos le harían honor al nombre del colegio, esos pequeños púberes arrechitos, enviados del mal, engendros del demonio que me silban y dicen una que otra grosería cuando paso por ahí y yo siempre viendo desde lejos que la reina Isabela no este para poder mostrarles mi dedo medio que acaba de pasar por la manicurista “La pindonga” que antes era Carlos.

Hace días un gallinazo carroñero intentó robarme mi celular, pero al darse cuenta que no valía ni un sol me lo tiro en la cara y me recomendó tan gentilmente que me compré otro.

Ya pasaron esos tiempos en los que conocía todos los parques cerca de mi casa, tiempos en los que no me importaba el mañana y tomaba como camarada oficial a la oscuridad de los callejones, quienes presenciaban amores de muñecas, tiempos en los que descubrí que un gusano medio puede entrar dentro de ti sin casi poder darte cuenta, y que mojarte entre tus piernas es otra forma de llorar y decir adiós, tiempos en los que descubrí que el amor puede hacer que tu corazón crezca y si no pones tus ojos en algo quieto te puedes caer .

Por último a mí me gustaría ser una gata negra para salir por las noches a buscar a unos “gatitos sandungueros” y dejar del lado la residencia de este monstruoso dolor de darme cuenta de lo que realmente soy “una cucaracha solitaria”.

El odern no ipmotra

"Mi viejo pueblo II". Ruben Manuel Beltrán Guerra
Recuerdo, recuerdo y recuerdo. Recuerdo poco, un barrio alejado de la cobertura de mi familia, de mi casa, del mundo y de mi estudio. Un niño maduro decía y, poco social. Jugar, correr, saltar, pocos amigos en fin.

Cuenta mi familia -confirmando lo antes dicho- que no socializaba del todo, si salía eran por horas y muy contadas. No porque mis padres no me dejaran, simplemente me aburría y volvía a mi estudio, ese cuarto iluminado, con un escritorio y un amplio armario con libros y diccionarios. Esta era la relación que tenía con mis amigos y los que ahora son vecinos.

Ya hace unos 6 años o más, la relación con estos “amigos” de barrio, se volvería distinta. Empecé a tener intereses diferentes, no compartidos con ellos. Me dedicaba a estudiar-terminaba primaria o empezaba secundaria-, pensando en cosas importantes y no superfluas como los demás. Esos con los que compartías juguetes y diversiones en aquellos tiempos de infancia, pero que ahora se habían vuelto toneros, fiesteros, casi “delincuentes”, un golpe en el estomago, un golpe para la sociedad. Tanto así como los “Peñalta” aquella familia fea, desordenada, corrupta y ladrona que se propagan como plaga en una huerta, que tienen tantos hijos como dedos por familia y todos ellos calatos y sucios que deambulan en las pistas, zigzagueando a los autos y motos que utilizan esta avenida.

Aquel barrio que solo estaba ahí, infestado de niños y pubertos jugando, que ahora solo pocos se dedican a estudiar, trabajar, hacer nada, mientras un tanto más se dedica a lo más fácil: delinquir, fumar o vender lo que fuman.

Aquellos tipos sentados en las esquinas, en el jardín o intentando darse nuevamente paso en la casa de al frente, que ya una vez invadieron por estar deshabitada y vendida a una secta cristiana, mormones. Rompiendo lo que eran ventana y puerta. Felizmente los mormones sellaron los agujeros por donde se metían estas “ratas”, pero esta vez con ladrillos, cemento y más cemento y todo gracias al hábil acto de mi madre y mi tía, quienes fueron con esta perturbadora queja a los nuevos propietarios del inmueble.

Pero en fin, las cosas no son tan feas como las pinto o escribo. Los “cochis” del barrio, sobrenombre que les pusimos con una amiga, pero que se dividen por categorías y rangos, que ha grandes rasgos mencionaré.

Los “cochis”, un grupo que vive en los suburbios San Carlinos, con los que cruzo algunas palabras, pero cabe mencionar que no con todos, si no con los que tienen un cierto nivel, algo superior a los demás, mínimo que tengan estudios, decía una vieja vecina, y ojo no digo que no tengan estudios los “cochis” algunos terminaron secundaria-con las justas, pero terminaron- y ahora están en el ejército o en la policía, sirviendo al país, otros en cambio, intentan estudiar e ingresar a una universidad nacional, intentan pero no la agarran, optando de alguna forma por una particular o un instituto.

Mientras otros tanto, estudian algo técnico, aunque sea, no piensan en fumar o vagar, si no en superarse. Una minoría realmente tiene una muy buena carrera y se salieron de este barrio para ir a parar a uno con más “clase”. Mientras otros viajaron al extranjero, pero aunque la mona viaje a Europa mona se queda.

Este es el suburbio San Carlino, con gente lumpenesca y otras no tanto; que se superan, y otras que están en el proceso; que se hunden en el fracaso y otras que se hunden en los vicios y placeres, esto es San Carlos.

Publicidad que no te abandona

Antes en Lima la publicidad era dada a voz en cuello por los pregoneros que brindaban sus productos a la venta: ¡tamales! ¡tamales! gritaba la negra, ¡pancitos calentitos!, el panadero, ¡humitas dulces!, el zambo con cajón. Dándose nuestro primer modelo de publicidad. Aunque en esos tiempos ya existía la imprenta, los volantes que se hacían tenían un gran defecto, estaban repletos de texto, lo que dificultaba a gran parte de los limeños de esa época.

De ahí la publicidad empezó a presentar sus mejoras, evolucionar notoriamente, los volantes habían sido implementados con imágenes. Tiempo más tarde apareció la publicidad en la tv, que se daba en la transmisión del programa mismo, se daba en vivo!, aunque creo debieron de equivocarse en muchas ocasiones-porque no siempre les salía bien-, cuentan una anécdota que en un programa X que tenía como auspiciador una marca conocida de televisores, en eso al promocionarla tenían que probar que la pantalla era resistente, como en las anteriores veces golpeaban con un martillo para mostrar su dureza, pero esta ocasión fue distinta, al golpearla con el martillo,la pantalla sedió al implacable golpe del martillo y se rompió al instante, y todo eso fue en vivo.

Después de ese lamentable incidente, las agencias publicitarias se preocuparon en crear una nueva forma, grabar los comercial, para poder transmitirlos sin error alguno.

Bueno este modelo de comerciales y publicidad se sigue utilizando hasta ahora, pero no solo eso es publicidad, ahora enfocándonos en nuestra realidad vemos publicidad en todos los lugares, saliendo para la universidad y dirigirme al paradero, veo publicidad: un banner luminoso que motiva usar la nueva línea "Pantene", el bus que me trae hasta la universidad mostrando "Panadol anti-gripal" en su exterio-lo que me recuerda tomarlo para la gripe-; por la tarde si miro al cielo, veo un aeroplano con la tarifa Tun Tun de Claro; al ir a casa prendo la tv, veo un comercial de Lamborgini y su MaxCasino, cojo el periódico para leer y zas! toda una cara con la publicidad del descuento en chompas y casacas de 30% + 10% en Saga Falabella.

Ahora me pregunto ¿tanta publicidad, no enfermará? pues creo que sí -aunque no es una enfermedad ocasionada por un virus letal que nos tumba a la cama- pero nos vuelve consumidores compulsivos, nos vuelve locos! Estamos expuestos a tanta publicidad que un lapso de 5 horas llegué a ver todo lo que les mencioné.

Por cierto como están en Saga Falabella con descuentos en chompas y casacas de 30% y con tarjeta CMR 10% adicional, iré a hacerme con algunas ropas antes que se acaben, hasta luego!

Esas Viejas Canciones

Siempre se dice que los niños son crueles, pero de quién es la culpa. ¿Es acaso producto de esa sinceridad desbocada que poco a poco vamos exterminando en aras de la convivencia? No. Son los adultos los que nos enseñan a ser crueles y tener miedo al mundo. Esta mañana me puse a pensar en las canciones que nos enseñaban de niños.

Por ejemplo:

La cucaracha/ya no puede caminar/por que no tiene/porque le faltan las patitas.

Para matar a una cucaracha sólo se requiere un buen pisotón o insecticida. ¿Qué necesidad de recurrir a la tortura? Y mientras la pobre cucarachita intenta sobrevivir para llevarle algo de comer a sus hijitos, el chibolo está allí, divirtiéndose con la canción.

Las amenazas y miedos infundados

Duérmete niño, duérmete ya
o viene el cuco y te comerá.

Otro ejemplo es esa canción apócrifa sobre Pulgarcito.

A Pulgarcito lo invitaron a dar un vuelo en un avión
y cuando estaba muy arriba, la gasolina se acabó.

Está clarísimo: el miedo a volar. El avión no sólo está arriba cuando se le acaba la gasolina, sino que además subraya que estaba muy arriba. Además: ¿Quién lo invitó y por qué? ¿Querían un canje publicitario? ¿Quién fue el irresponsable que no le pone gasolina al avión? Investigaremos.

El desprecio al esfuerzo de los padres

En el carro de papá nos iremos a pasear
Me voy de paseo en un carro feo (…)

O sea, tu viejo ahorró harta plata, fácil que tuvo que renunciar a un carro mejor para pagarte un buen nido y comprarte pañales y al niño, el carro le parece feo. Mal agradecido.

Mi preferida

Arroz con leche/me quiero casar/con una señorita de Portugal
que sepa coser/que sepa bordar (...)

Esta canción resulta, a todas luces, racista y machista. La chica debe ser portuguesa y estar al servicio de uno, además de ser señorita.

Y también el maltrato a la mujer

Dale dale dale, dale a la mocita
con la piedra grande, con la más chiquita.

Es decir, quiere matar a una chica a pedradas.

Los prejuicios sobre el matrimonio y la trata de blancas

Buenos días su Señoría/mata tiru tiru la.
¿Qué quería su Señoría?/Yo quería a una de sus hijas/
¿A cuál de ellas la quería?/ ¿Y qué oficio le daría?/
La pondría de lavandera/Ese oficio no me gusta

Y así, alegremente, los niños hablan del trabajo forzado como si fuera la cosa más natural del mundo. Pero esto no acaba aquí

¿Y qué oficio le daría?/La pondría en mi hogar de reina,
Ese oficio si me gusta/mata tiru tiru la.

O sea, Su Señoría es quien acepta el matrimonio sin consultar siquiera a su hija.

Por eso, yo me quedo con las canciones de Barney

Te quiero yo, y tú a mí
somos una familia feliz
con un fuerte abrazo y un beso te diré
mi cariño yo te doy.

Ya saben.

D.L.C. - D.A